
Hay que reconocer que el nuevo trabajo del pequeño de los Scott sabe generar (y mantener) las expectativas durante la primera mitad del metraje. La adaptación a los tiempos actuales de la película de Joseph Sargent, Pelham uno, dos, tres (1970), inicialmente nos hace intuir un thriller post-11S que explota la temática del miedo a la amenaza terrorista y que diluye las fronteras morales entre “buenos” y “malos”.
El adrenalítico (y mareante) estilo de Scott resulta en esta fase plenamente justificado ante el clima de peligrosa y crispada tensión que se nos narra, y el aporte cualitativo viene dado por el tête à tête entre Washington y Travolta, un duelo actoral en el que el afroamericano persevera en su rol de héroe de calle y Travolta se reinventa (memorable su interpretación de macarra taleguero y sin escrúpulos) abriéndose muchas puertas de cara a futuros proyectos.
Por desgracia, todas estas buenas sensaciones se borran de un plumazo durante el último tercio del film, momento en el que Scott introduce elementos de guión forzadísimos y redirige su sugerente arranque hacia el convencional discurso del héroe de a pie. Un discurso narrativo donde el ciudadano medio que se sacrifica por los demás vence todas las adversidades habidas y por haber, y en el que se pueden entrever eslóganes de lo más patrioteros. La típica americanada, hablando alto y claro. Asi pues, nos encotramos ante una prometedora película que, finalmente, se queda en un dinámico aunque mero entretenimiento.