viernes, 17 de diciembre de 2010

El mejor filme español del año.


Los premios y los elogios públicos (Balada triste de trompeta ha sido galardonada con el mejor director y el mejor guión en Venecia) pueden constituir una arma de doble filo para el objeto halagado, pues aunque representan un aliciente inmejorable para que el público acuda ilusionado a las salas, también pueden generar en él expectativas erróneas o, directamente, falsas.

Algo semejante es, en mi opinión, lo que al nuevo filme de de la Iglesia le puede suceder, ya que si bien se trata de un relato historicista, que alegoriza con cierta fortuna algunos de los elementos que caracterizaron a la España franquista, no debemos olvidar que es también una obra personalísima, firmemente enraizada en el imaginario de su director, quien se salta cualquier atisbo de veracidad y apuesta por la extravagancia negra y mordaz.

Si se aceptan sus propios códigos internos, su vertiente declaradamente grotesca y su mezcla de autorreferencias (parece una revisión perversa de Muertos de risa) y de influencias dispares (surrealismo buñueliano, esperpento berlanguiano, gore, cómic, desmesura violenta entre Miike y Tarantino, caspa patria), Balada triste de Trompeta sorprende y satisface. Aunque el listón no estaba demasiado alto, es de lejos la mejor película española del año.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Padre e hijo.


Mirada íntima, pausada y antropológica a las interioridades de una familia judía compuesta por un rabino, su esposa y su hijo pequeño, y que se centra, esencialmente, en la relación que mantiene el mentado rabino con su vástago, una relación paterno-filial marcada por el autoritarismo y la desatención de aquel a causa de su excesivo fervor religioso.

En su ópera prima, el israelí David Volach documenta fidedignamente algunos de los ritos y tradiciones hebraicas, y se muestra delicado en su tratamiento; parsimonioso y contemplativo, en su exposición; y, en sus trágicas conclusiones, crítico hacia el fanatismo judaico.

Nos hallamos, pues, ante una apuesta arriesgada e interesante, pero no apta para espectadores convencionales: a la tibieza de su denuncia, My Father, My Lord suma también un exasperante ritmo, tan retardado y poco ágil que puede llevar al tedio más absoluto hasta al más paciente y predispuesto.

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿In...sufrible?


Supuestamente basada en hechos reales, Imparable, el nuevo trabajo del pequeño de los Scott, da cuenta de un caso de colisión ferroviaria que fue salvado in extremis por dos esforzados maquinistas en algún lugar de los EE.UU.

Mucho más cercana al género de las disaster movies que al thriller al uso (categoría en la que erróneamente se la ha querido encuadrar), la película nos ofrece una historia propicia para la realización inquieta y adrenalítica propia de su director: multicámara, fragmentados montajes en paralelo y ritmo vertiginoso a golpe de abundantes y repentinos cortes.

En el apartado actoral, el carismático y rentable D. Washington, que repite en su papel de héroe de a pie, se confirma como actor de cabecera de Tony Scott (tras El fuego de la venganza, Déjà vu y Asalto al tren de Pelham) y nos ofrece una interpretación correcta y sin errores de bulto, al igual que su compañero de reparto Chris Pine (Star Trek, Infectados).

Y es que realmente, no hay nada de lo que acontece en la pantalla que esté clamorosamente mal, que resulte insidioso o que caiga en el gazapo. No es posible concretar ningún aspecto reprensible en la realización, en el guión o en las interpretaciones... pero todo el conjunto es tan rutinario y convencional, tan reiterativo y poco sorprendente, tan poco interesante, tan cansino y trillado, que a uno le resulta casi imposible no descolgarse de la historia cual vagón desenganchado de un tren en marcha.

sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Dónde están las armas de destrucción masiva?


En su arranque, al exponernos las dificultades que tiene una pareja madura en conciliar su vida marital y familiar con su trabajo de informadores secretos, Caza a la espía podría pasar por una versión dramática de Mentiras arriesgadas o de Señor y Señora Smith, película esta última dirigida también por el propio Liman.

Sin embargo, esta adaptación de las memorias de Joseph Wilson y Valerie Plame -dos agentes de inteligencia que fueron relegados al ostracismo por la administración Bush a causa del incómodo testimonio que representaban- es mucho más cercana al thriller político de los 70 que a cualquier fabulación aventurera.

Liman, consciente de la seriedad del berenjenal en el que se mete, procura de manera demasiado consciente no perder los papeles con derivas argumentales que pudieran parecer accesorias. Pero este exceso de celo y solemnidad resulta totalmente contraproducente al vaciar a la película de un interés argumental que vaya más allá de la evidencia, de lo que el espectador ya sabe o de lo que ya intuye desde el principio.

Resulta curioso ver como el creador de la exitosa saga Bourne, una trilogía que conjuga perfectamente acción con “trascendencia”, aquí se muestra incapaz de aplicar esta fórmula, renunciando, quizá por bloqueo, a cualquier conato de entretenimiento.

Lo peor es que en su faceta dramática y de denuncia, que parece ser la única que le interesa desarrollar al director, Caza a la espía tampoco funciona. Primero, porque su realización fragmentada, válida para narrar las pesquisas de Jason Bourne, no casa demasiado con el tono del film (los torpes insertos de imágenes reales de Bush JR. tampoco despejan esta sensación). Segundo, porque los siempre notables Penn y Watts nos ofrecen unas sus interpretaciones más desganadas y rutinarias de sus respectivas carreras.

Sin duda, era necesario afrontar por fin, desde la ficción cinematográfica, el espinoso tema de la invasión de Irak, así como denunciar la manipulación informativa de la que la administración Bush se valió para justificar su guerra contra el eje del mal, pero cuestión tan importante merecía un tratamiento más eficaz y productivo, un tratamiento como el que Paul Greengrass, precisamente otro de los responsables de la saga Bourne, aplicó este mismo año en Green Zone.

jueves, 28 de octubre de 2010

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.


El especialista en comedias Todd Phillips vuelve a probar fortuna en dicho género aprovechando que el buen sabor de boca que dejó su anterior película, Resacón en las Vegas, permanece todavía fresco en la memoria. Y lo hace sin devanarse demasiado los sesos, recurriendo a una mezcla de los tópicos, simples pero efectivos, pertenecientes a las road movies y de la buddy movies (pelis de coleguillas), y repitiendo también en el reparto con el actor greco-estadounidense Zach Galifianakis, el mejor, con diferencia, de aquel y de éste film.

Así pues, no es difícil imaginar que Salidos de cuentas es, ante todo, un carrusel de los enredos, torpezas y despropósitos sufridos en ruta por R. Downey Jr por culpa del extravagante carácter del citado Galifianakis. Y que, a causa de la gracia de éste último, la comicidad del film mantiene su tono pese a su falta de originalidad y su tendencia final a la exageración.

Las apariciones estelares (Juliette Lewis, Jamie Foxx y el rapero RZA) y la BSO (Wolfmother, Rod Stewart, Cream, Neil Young) sirven con eficacia para apuntalar un interés que va en descenso. Film que va a menos pero que evita, in extremis, la colisión.

martes, 26 de octubre de 2010

Sobre Stone y las medias.


Nunca he dudado de que las notas medias que aparecen en las bases de datos cinematográficas (FA y IMDB) pueden marcar la tendencia al voto de buena parte de los participantes. Así, si una película está valorada mayoritariamente mal, lo normal es que los votos venideros, ante la duda, tiendan a una valoración negativa, y viceversa.

Stone, el nuevo film de John Curran, no sólo me confirma este "fenómeno", sino que se me antoja un ejemplo exacerbado del mismo: mientras que aquí, en FA, el film tiene (a fecha del 26 de Octubre de 2010) un 3’8 de media, en IMDB, con 4 veces más votos registrados, la película se planta con una puntuación de 7.

¿Son los votantes de FA muy listos? ¿Los de IMDB muy tontos? Nada de eso, se trata de tendencia, de pura tendencia: ante la duda, el indeciso tiende a mimetizar el voto de la mayoría, lo que puede provocar desarreglos como el de Stone.

¿Y porqué le llamo desarreglo? Pues porque Stone es un film más que respetable. Es cierto que su trailer promete cosas que luego la película no desarrolla, pues en realidad Stone sólo flirtea con los códigos del cine negro (femme fatal Jovovic), del thriller (erótico, judicial, policial) y del drama carcelario, sin explotarlos satisfactoriamente para el espectador medio. Pero, ¿es en realidad Stone alguna de esas 3 cosas? Yo creo que no.

No perdamos de vista un aspecto esencial: los trailers son propaganda mercadotécnica que casi nunca se corresponden con la realidad. Así, si olvidamos cualquier influencia previa de su teaser, Stone puede ser calificada de drama humano, íntimo y existencial que sólo se vale de las convenciones genéricas para, mediante el lucimiento de sus actores (notables los tres), exponernos cuestiones referentes a la Fe, a la autoridad, al deseo y a la libertad. La realización, cargada de simbólicas imágenes (la de la abeja y la ventana, por ejemplo), ayudará a esta exposición reposada y trascendente. Stone es, en definitiva, una película para espectadores pacientes, desprejuiciados… y no influenciables.

domingo, 17 de octubre de 2010

El mercado del arte moderno.


Lo que a priori se presenta como una crónica bien documentada sobre el auge del street art, a la par que indisimulada loa al ya henchido ego del artista anónimo conocido como Banksy, tiene la envidiable virtud de reformularse con rapidez.

Tras sesenta entretenidos minutos de gracioso retrato callejero, compuesto enteramente por imágenes captadas con video casero, Exit Through the Gift Shop adopta un tono más serio sin perder su inicial ironía, y se convierte en una reflexión – en la que Banksy es sólo gancho y catalizador- que cuestiona el verdadero valor del arte contemporáneo.

Una reflexión que recela de los advenedizos de dicho arte y que se ríe de la actual modernidad artística, situando al film, en lo que a discurso se refiere, al mismo nivel que Fraude (Orson Welles, 1973). Una brillante lección, de proyección obligada en todas las facultades de Bellas Artes.